Lloro por vos, Argentina: hoy es tu día de derrota. Para quienes te abrazamos con el alma, a vos, a tu historia y a todo tu pueblo de tierra: hoy es tu día de derrota. Saludamos al vencedor porque, ante todo, la democracia; pero jamás le daremos la mano amistosa y hermana. Estos años fueron una tregua. Una primavera que ahora, consigue hospedaje en nuestro umbral de la melancolía, con su esquina rota a su lado. Ah! Pero nadie podrá quitarnos -aún aunque nos arranquen (casi) todas las flores- este tiempo precioso que fuimos dichosos de vivir. Se avecinan tiempos difíciles. Podría decirte que la última en arrodillarse es la esperanza, pero no. Ya sabemos cómo son las cosas, querida tierra mía: hay quienes nunca cederán su pan y su casa a los desarropados del mundo. Y no nos basta con que pidan y prometan por educación, seguridad, fin de la pobreza y demás. Porque sabemos, la educación, la seguridad y el fin de la pobreza, bueno, no es igual allí que acá.
Bienvenida derrota, fue una hermosa primavera de logros. Hoy volvemos a lo mismo de siempre, aunque hay margaritas que no nos quitaran ni de la memoria ni del alma ni de la patria ni de esta tierra amada, este pueblo querido que, dios quiera, hoy no vuelva a estar ultrajado desahuciado y sin abrigo. Cuando la marioneta la manejan aquellos que festejan en cócteles de mercado, nuestro espacio público tiembla de miedo. Es la misma piedra con la que tropezamos. La misma indignación.
Ahora solo nos queda esperar a que, por lo menos, esta vez no te bajen tanto tanto los pantalones. Que no te pongan otra vez rodilla al suelo, que no te ultrajen tan así, que no te engañen diciéndote que te están haciendo el amor, mientras te violan deshilachándose el telar hermanado; que no te vendan como fruta pasada, que no te desprecien así, tanto tanto tanto.
Porque a pesar de que no se den cuenta, así como nunca se vuelve al primer amor, nada se repite como la primera vez. Aquí esta tregua primaveral cosechó campos abrazados en un lazo inseparable a la tierra. No somos los de antes. No podemos serlo.
Algo tendrán que haber aprendido, algo tendrán que haber comprendido. No se puede caer otra vez tan tonta y cruelmente en el mismo pozo ciego. No todos caen. Quizás no sea cuestión de aprender nada.
Temo por tu gente. Por las noches oiré los llantos de tus desamparados, ahogados, desabrigados, hambrientos, envueltos en tierra y desolación. Violentos por haber sido violentados.
Sin embargo, claro, te quiero te quiero que por todo y a pesar de todo, mi amor, yo quiero vivir en vos.