Fue allí cuando Explícito se tuvo que exiliar, perseguido por el terror de estado que impuso Implícito como común denominador en los cuidadanos de ambos reinos. A pesar del miedo constante con el que convivían los habitantes, existía un diario clandestino a través del cual se informaba entre líneas y con una tendencia negacionista los diversos planes de exterminio de los suversivos. Hasta a veces se daban a conocer algunos nombres, como Quetepá Saconmigo, Tequí Erotán To, y el más buscado: Megús Tasmucho. Los artículos de las primeras páginas explicaban que el método más eficiente de las torturas era la aplicación de la comedurademocos o el ahogamiento producido por la técnica tragamores.
Cuando, en el año 2905 el dictador Implícito Meconfunde VII realizó el Golpe de Lengua, tomó el poder de ambos reinos y derrocó a Quim Icáriño II. Su gobierno de facto mezcló todas las cosas. Si bien es cierto que con Quim Icáriño II las cosas no estaban del todo bien, había una importante falta de nitidez en las intenciones y se venía asomando hace tiempo una profunda crisis de cercanía y conexión, con Meconfunde la situación se volvió más crítica aún. Sus discursos no eran ya terribles confusiones y contradicciones, sino simples silencios. Sus promesas no eran ya promesas sin nunca cumplir, sino simples silencios. Sus reuniones diplomáticas con otros dirigentes de reinos limítrofes no eran ya testarudamente efímeras, sino simples silencios. Sus encuentros con los cuidadanos no eran ya solo descarados desencuentros, sino simples silencios.
Y entre esos terribles silencios en los que Implícito creía que todo el pueblo lo entendía, cada hombre y cada mujer entendía otra cosa y al final nadie sabía nada. Vivían ellos así, todos en un desesperante limbo, en donde se miraban entre los reinos y no comprendían: ni lugar, ni hora, ni deseo, ni destino, ni camino, ni terreno, ni de qué modo latía el corazón de cada reprimido aventurero.
Cuenta la historia, que un viejo militar se encontraba en la zona fronteriza entre Vendehumo y Comprahumo cuando escuchó por primera vez a dos jóvenes (cada uno en su lado correspondiente de la frontera) discutir ahogadamente sobre sus confusiones, sus incomunicaciones y sus versiones personales de entender a las cosas.
Y fue quizás por eso, porque hace generaciones no se había escuchado una discusión semejante o porque quizás fue la primera vez que se había dejado en claro -tal como decía el conocido escritor Explícito- lo que cada uno sentía, pensaba, comprendía de la vida; que aquel milico guardó esas palabras con una minuciosa exactitud en su memoria. Y fue de ahí en más, que en cada reunión gendarme, el viejo contaba la historia anonadando a los que lo escuchaban con los ojos bien abiertos, y que no podían creer a esa jóven rebeldía que desafiaba a El Gran Dictador y se escupía el corazón en la cara:
Ciudadano del reino Vendehumo: Yo te quiero, Eli, vos sabés que yo te quiero.
Ciudadana del reino Comprahumo: No, Pablo ¿Ves? Ahí te equivocas. Yo no sé que vos me querés. Yo no creo que vos me quieras. No entiendo porqué me decís lo que me decís. No se te nota todo. No se te nota nada. No sos claro. Tu mirada me dice todo, y en ese todo me dice nada. Así que no se si me querés o no. No abuses de las deducciones que puedo hacer, porque además, casi siempre me equivoco.
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