martes, 31 de enero de 2012
No hay insomnio
Maldito, maldito traidor. Mire que yo insisto y persisto y me arranco de los pelos del miedo y del pozo. Me arranco de los pelos del círculo vicioso. Porque comprendí - por fin dirá usted- que para estas cosas hace falta esfuerzo, que nadie me dijo nunca que esto iba a ser fácil y que hay que ir contra uno mismo - vaya tarea difícil-. Mire que yo hago de tripas corazón y le hago frente a las nostalgias. Le diré incluso que ando por casa revisando los cajones, y sin pensarlo ni mirarlo, tiro a la basura papelitos con recuerdos jamás visitados. Maldito, maldito traidor. Mire que lo intento, que persisto e insisto, pero usted ni piedad ni lástima, cruel puñal, me ataca por la espalda y entre los sueños; en donde no puedo defenderme, ni hacer de tripas corazón, ni arrancarme de los pelos, ni tirar príncipes grises a la basura. Sucio, traidor, usted juega sucio. Ataca por la espalda, mueve las fichas en medio de la sombra de la noche mientras mis ojos están cerrados y mi cuerpo abatido. Cagón. Traidor cobarde. Vuelca el tarro de mi esfuerzo en medio del descanso, en donde no puedo defenderme, ni evitarte, ni escaparme. Para que llegue luego la mañana y finalice tu labor cuando despierte con el sol de las diez, un café, unas tostadas y un balde de agua fría de recuerdos que quiebran mi día, mi insistencia, mi persistencia, mi esfuerzo y mi presente.
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