Yo estaba parada frente al almacén, me acuerdo como si hubiera sido ayer. Pasa usted a mi lado con su roja nariz y yo no pude menos que reir, no pude menos que reir.
- Se ríe de mi?
- Si de usted.
-Le causa risa algo en especial?
-Si, su nariz de payaso.
-Tome, se la presto por un rato.
-No, no, gracias, prefiero reirme.
-No se preocupe tengo otra... Ah! le queda tan bien que no tengo más remedio que regalársela, es suya!
Y fuimos los dos a caminar con nuevas narices que hacían reir. Y yo le dije, recuerdo muy bien, recuerdo muy bien:
-Se rien de mi, se rien de usted ¿Se rien de mi o de usted?
Rien porque tienen ganas de reir,
no importa si se rien de mí, o de usted.
Somos dos payasos tomados del brazo. Me gusta su manera de ser.
Tenía mucho apuro, pero ya no importa si pierdo, si pierdo el tren. Y ya ve, no importa si pierdo el tren.
Nos conocimos así por azar, en aquel lugar. Y fuimos a tomar un café, y yo le dije a usted:
- Qué lindo se la ve, con su nueva nariz. Me gustan mucho los chicos así, así. Así como usted.
Y me conversó y me dijo que yo le encantaba, y eso me gustó y le sonreí y le respondí:
-Muchas gracias.
Y yo le conté, que soy la mejor prestidigitadora del mundo entero, puedo aparecer y desaparecer
cuando yo quiero.
-No, si yo ya en el almacén me di cuenta que el no era una persona seria, que no era seria...Payasa!
Y..., y me plantó!
Pero yo lo seguí, sin perderlo de vista hasta llegar a la estación.
Y viajamos en tren, en autobús,
en minibús y en tus tus, hasta que amaneció.
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