lunes, 5 de mayo de 2014

Fondo blanco.

Me pesa. Todo me pesa. Me pesa tu cuerpo que cae sobre el mío y yo no puedo hacer más que dejarlo caer sobre el fango. Me pesa mi cuerpo que pesa sobre el tuyo y yo no puedo hacer más que dejarlo caer sobre tus brazos. Me pesa deslizarme sobre el suelo ya que no dejo que me sostengas en tu lecho húmedo y hostíl que, aunque sea un remanso en el cual me he revolcado para no desarmarme en mí, hoy ya
tu amor me atormenta. Me atormenta, me castiga, me angustia, me hace un nudo en el estómago que no llego a vomitar, porque el vómito solo es para los fuertes. Entonces me trago la bilis y el revoltijo y te lloro en silecio.
No podemos más. No me sirve tu lazo que no une sus puntas, porque las uniones nunca se dan de un solo lado. Y no me mires con esos ojos de Santo Dios de las lechuzas, con esa pupila que se ve hasta en la más oscura de las tinieblas. Vivirás feliz sin mí, y eso que me disfrutas como yo, ya no te disfruto.
Qué odio, me das risa, hermoso. Tus determinaciones trágicas, tu manera de andar por calles nudistas como bailarina de burdel. Uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus exasperaciones irrefrenables, tus inagotables escenas patéticas untadas en llantos, adjetivos, historias, palabrerío y recuentos. Pues ya ves, me pesa. Sostener el lazo de un solo extremo solo nos lleva al derrumbe. Y se derrumba. Ya no lo puedo sostener.Se derrumba como me pesa el cuerpo que no quiere prestarse a tu juego de complicaciones y desvelos. Me pesa la voz que se agotó y ya no suena como lira del Señor. Me peso yo.
Me pesa mi mente, y sobretodas las cosas, porque no hace más que balancear su peso de un lado a otro de manera abrupta y nunca pero nunca llega ni a un atisbo de equilibrio. Me pesa mi mente que anda vagando por los pantanos del desierto finito pero que inmenso, hace años y días y semanas que parecen siglos y horas que parecen angustias que pesan más que los camiones de presos de la esquina. Me pesa esta prisión que es una cárcel autoconstruída, y no encuentro llave dentro de mí.
Me pesa tu compañía, no porque no quiera o porque quiera que me asista. Sino porque hoy, lo dudo. Entonces nada me basta, porque si estás me pincha y si me voy no puedo dejarte solo. No puedo ausentarme de tu auxilio al que luego decido ir y -como bien me reprochas, con razón pero qué puedo hacerle- finalmente noto que no llego, y es así como no puedo brindarte asistencia para que salgas de aquél derrumbe en el que te metí, soltándote el lazo y dejandote desamparado sin mi presencia. Cosa que es mentira, porque nunca estás solo, si quieres puedes darte la vuelta y extender el lazo hacia un otro deseante, que ansioso acudirá a sostener y unir las puntas del mismo.
Sera que se agotó, cariño. Por hoy se agotó.

Eso también me pesa

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