Pareciera como si hoy te dijera -de veras y de una vez por todas y última-. Adiós, Martín. Adiós y hasta siempre - será verdad?- Ya me fui de tí, ya me diste mi pasaporte de deportación, ya me exilié de tu tierra. Ahora, lo poco que queda de mí en tus cajones, en tus sillones, en tus mesas, en tus habitaciones y en tu baño. Lo poco que queda de mí o gran parte, hoy se terminará de ir. Me devolverás las bombachas olvidadas, el cepillo de dientes que ya debe estar lleno de hongos, las cartas húmedas, las camas en lágrima, las palabras cruzadas, las miradas que nos vieron crecer.
Me devolverás eso que queda de mí en tus bolsillos. Quédate con todo lo demás. Te dejo mi infancia, toda mi niñez, parte de mi pubertad y, por supuesto, mi adolescencia toda entera
Esta es la última despedida -será?-. Pronto vendrán las fiestas, las vacaciones, el vacío lleno de sopor, los fuegos artificiales y las frases comunes. Como esta: La nostalgia siempre tocará a mi puerta. Es cierto.
Pero, ¿qué se supone que es todo esto que llueve? ¿No nos dimos final y despedida hace tiempo ya?
Andá y viví.
Pasaron muchas cosas en todo este tiempo, Martín. Muchas, muchísimas, tantísimas inconmesurables. Te extrañé como una perra convaleciente. Nunca volví a ser la que fui contigo, por suerte o desgracia -más por suerte-. Y aunque te ame por siempre no quiero volver a tu casa- tampoco me abrirás tus puertas, claro-. Cuánta búsqueda, Martín, cuánta. No te das una idea cuantos caminos transité luego de que cierres aquella puerta. Vagué por pantanos y playas. Crecí. Claro que creci a tu lado, pero por Zeus! Cuánto se crece también cuando uno camina solo.
Fui y vine mil veces, y este reencuentro me encuentra encontrada. Tanto me perdí desde que te perdí, pero hoy quizás haya hallado algún cáliz azul y naraja. Tan solo quizás. Nunca se encuentra, sabés? La búsqueda es movimiento y el movimiento vida. Por suerte no se encuentra. Aunque es difícil, claro, nunca fue fácil. Y vos que creíste en mis ojos, daba miedo salir. Aquí me ves, en medio del remolino.
Adiós Martín. Me había olvidado que tenía esta bombacha.
Te amo desde siempre y para siempre.
El barrio hará, indefectiblemente, que pasé caminando alguna tarde por tu puerta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario