sábado, 14 de marzo de 2015

Colchón de algodones

Cuando yo era chica las personas no se morían jóvenes
Cuando yo era chica las personas que sí morían eran los viejos muy viejos
Cuando yo nací cinco bisabuelos me acobijaron en sus brazos
                                                                                   me esperaron con peluches tejidos e historia

La muerte era lejana, extraña e inevitable
La vida, con obligación de muerte, tenía su punto terminal muy lejos en el camino

Cuando yo era chica los niños no morían
Los jóvenes tampoco
Mucho menos los papás mucho menos las mamás
Cuando yo era chica un hermano vivía para siempre
Y hasta una misma era imortal

La muerte obligada por vida
La vida obliga a muerte
Este juego finito e intolerable ni siquiera era esboso de angustia

Cuando yo era chica los únicos que morían eran los abuelos de chicos y chicas de más de treinta
Hasta que cumplí quince
Y entonces acepté que un abuelo de una chica de quince también podía morir
Cuando yo era adolescente, entonces, los abuelos eran los únicos amenazados por la muerte
Entonces, nosotros, bajo setenta no moríamos. Por ahora.

¿Cúando fue que nos empezamos a salir del juego tan temprano en la mañana?

Cuando yo era chica no se morían los hermanos
Cuando yo era chica no se morían los papás ni las mamás
Cuando yo era chica no se morían los tíos ni las tías
No se morían los amigos, ni los amigos de mis hermanas

¿Cómo no temer a aquella mujer celosa que viene de sopetón anunciando el fin de fiesta?
¿Quién fue el cretino que la ha invitado tan temprano?
¿Quién le abrió la puerta antes del brindis y la torta?

Cuando yo era chica la muerte existía tan solo como una lejana posibilidad
Tan lejana que llenaba de sinsentido su tan sola contemplación
Cuando yo era chica en mi mundo no había muertes
Yo tampoco moría
No hablaba yo de inmortalidad
Hablaba de una desconocida tan lejana que solo llegaría junto al fin del mundo

Ahora, claro,
qué diferente el mundo
qué ingenuidad tierna y alegre

Ahora la muerte no tiene horario de llegada
Aparece o desaparece donde y cuando quiere sin supervisión
Ahora los bebés mueren, chicos y chicas mueren, los papás, las mamás, los hermanos, los amigos de mis hermanas, los tíos, las tías, y claro, los abuelos y abuelas.
Quien crece con bisabuelos es afortunado de más
Ahora hasta yo muero

Cuando sea que quiera la maldita
Donde sea que desee la muerte

Cuando yo nací cinco bisabuelos me acobijaron en sus brazos
                                                                                   me esperaron con peluches tejidos e historia
El mundo, mientras tanto, no era tan así.

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