Otra mañana más y el diario escupe en la cara otra noticia amarilla y fría. Otro soldado más que muere y yo sin haberlo besado. Otro poema que se pierde como hoja en el viendo de Luis Alberto, como un botón equivocado. Ya no bailarán más nuestras palabras en la pista de la metáfora. Ya no saldrán de nuestras lenguas, pasando por los labios, como una burbuja que acaricia cada parte y suavemente se baña en baba.
¿Cómo es posible otro soldado mutilado? Ya nunca se podrán encontrar nuestros dientes. Ya no morderán juntos las fotos. ¿Cuánto puede desintegrarse un hombre? ¿Cuánto se vuelve polvo una mujer? ¿Cómo es que no les da pudor? Soldado débil y cobarde.
¿Quién soy yo para juzgar? ¿De dónde sale todo este prejuicio y juicio?
Ya lo dije, otro poema más que se extravía en las colinas. Nada se repite como la primera vez.
Me gusta esto. Me gusta mucho esto de escribir. El poema, sobretodo, es un remanso. Me gusta la palabra. Remanso. Cama paraguaya que se mece mansa sobre un pasto verde muy verde y al fondo el lago de Chascomús que nunca visité y un cielo gris como lluvia pronta.
Remanso. El pecho de otro soldado y el poema. La escritura. Me calma, me ampara, me arropa, me mece en su cuna. La identidad es una pregunta siempre abierta, lejos de la cama paraguaya. La identidad es una pregunta sin punto. Sin embargo podría decir que no se si soy artista, mucho menos actriz. Pero lo que si, poeta.
Entonces soy un remanso. O eso quisiera. Un lago que nunca visité, un cielo con lluvia pronta, un pasto verde muy verde. Una cama que se mece. Y que se reposen en mí los pájaros y los niños, los amantes y los grillos, las hojas de otoño y los soldados, esos que huyen y temen. Porque hay tonta valoración en la lucha a mano sangrante, y matar no es nada heroico. Tampoco morir. Lo mismo pasa con la locura.
Entonces hablábamos de los soldados que se mueren. De que yo no los besé. Hablábamos de la muerte. Mejor no. Creo que no sabría como salir de ella. Nadie.
No soy la mejor poeta, seguro. Mi cola tampoco es la mejor. Qué bueno. Me alivia. No ser la mejor me libera. Rompo amarras de cola modelo. Dejo de aplastarme tan así.
Quizás la poesía sea esta batalla contra la muerte.
O la vida este remanso, entre la primera nada y la otra última.
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