En la escuela me habían enseñado que cuando dolía la panza, el oído, la garganta o lo que sea, había que, luego de advertirle al maestro, salir del aula atravezando ese umbral de la puerta que divide la libertad de las cadenas. Y luego de respirar aire fresco de pasillo, descender por las escaleras eternas y gigantescas, para llegar al patio. Desierto de marmol blanco y caminarlo hasta el fondo en donde mujeres de caderas prominentes, vestidas de blanco y cofias, te mirarán con caras maternales y hambrientas, como lobas deseantes de devorar a sus cachorros tiernos y carnosos. Y una vez alcanzado el destino, pedir el tan ansiado elíxir que curará el mal que aqueja. Un te hirbiendo y dulce hasta el empalago, que quemará lenguas mas curará todo todito malestar.
Una patada en la boca del estómago recibí después de las palabras que mi maestro pronunció hacia mis ojos. Sus consonantes impactaron de tal modo en mi abdomen que destruyeron mis tripas.
Ahora solo puedo tomar té.
O por lo menos eso me dijeron en la escuela. Que vaya a pedirme un té a la cocina.
¿Un té? ¿Me está curando sus palabras con un té, profesor? Humildemente quisiera saber porqué me escupió de esa forma esta catarata de vómito que me encontró casualmente bocabierta y, como si fuera un intercambio de fluidos, su ácido ingresó directamente y sin escalas a mi boca. Siento como si fuera ahora como es que atravieza mis labios, pudre mis dientes y, luego de que mi lengua saboree su dulce sabor a desayuno de tostadas y café, se deja caer -usted y sus sentencias- como agua que revalsa del dique, quemando mi garganta. La quemó tanto que tuve que salir del aula, atravezar el umbral, bajar las escaleras, patinar el desierto de mármol, dejarme devorar por las madres. Recibí entonces, mi té: caliente como mi garganta. Su dulzura no alcanza ni consuela. El agua sucia solo incendia más aún, allí donde creo que es imposible. Me vuelvo laba volcánica.
Entonces sucedió: me fui en sangre. Es tan solo todo lo que pude hacer y pido perdón si fue un invierno en primavera. Contenía un río de sangre en las venas y estallé. Su té, profesor, no pudo colmar mis rutas vacías. La sangre es roja. Su agua sucia.
Me fui en sangre. Me exploté en agua. Me pregunto porqué calló y cuántas cosas dirá su silencio. Será que siempre es demasiado tarde. La toma de conciencia de algo conlleva consigo ese algo que ya pasó. El presente es opaco frente a este pasado transparente.
Ahora me voy de su clase. Ya tocó el timbre. Espero tener buen viaje en el placer hacia mi remanso en donde jamás a nadie se le ocurre vomitar patadas en el estómago, ni destruir víseras, ni quemar gargantas, ni ofrecer tés de agua sucia para curar la sequía sengrienta de esta explosión hidráulica.
lunes, 28 de septiembre de 2015
viernes, 25 de septiembre de 2015
La vida en movimiento percibida a los cuatro años y medio.
Yo: Juli, quedate sentada y no bailes si te duele mucho.
Alumna: Nati, ¿sabes porque me duelen los tobillos y las rodillas?
Yo: No... ¿Por qué? ¿Te lastimaste?
Alumna: ¡No! ¡Porque estoy creciendo! ¡De verdad!
sábado, 12 de septiembre de 2015
Un animal grotesco
Vieja sabiduría escondida entre los pliegues de la tierra
Mujer enigma
El deseo es una pregunta cuya respuesta no existe
a pesar de su desnudez
No solo somos enigmáticos para nuestros extraños
Sino también
para nosotros mismos
Un poema o metáfora indescifrable
Al eludir la mirada ajena: ¿nos estaremos eludiendo a nosotros mismos?
¿Será lo mismo?
No tengo siquiera mesa en donde ofrecer mi nada
Donde más duele
el pasado es un animal grotesco
La celebración y ya no nos reímos como antes
¿Porqué ya no nos reímos como antes?
Un animal que ya no me detendrá los relojes
Está enojado
O lo estoy yo
con un pasado animal que tormenta las primaveras
las esquinas
las roturas en el cemento blanco en los vértices zócalos
Sácalos
Nada de lo que digas va a sacarlo de este desierto
Y en la sala de esperas esperó a llorar y empezó
Lo advirtió y quien avisa no traiciona
Por un momento se olvidó
Todo lo que toca se le esfuma y entonces mató
La diferencia no es una receta simple
Escribimos y perdemos el rostro
Como los actores que tanto odio y me poseen sin permiso intempestivamente
Somos otros
y allí donde somos otros somos más nosotros que nunca
Déjenos en paz cuando se trata de escribir
La lenta aceptación de la derrota
Me senté en la arena y toda la tristeza del mundo cayó sobre mi cuero cabelludo
Como el sol de enero cuando quema la cúpula de nosotros mismos
La sobra de su lado más oscuro
Una nada en desintegración
Una tormenta de qué
Un huracán pasa y pasó
Después me fui con el corazón agotado y me preguntándome
cuánto de lo que vivimos se lo lleva también el verano
Un frío polar se vuelve puente de todos mis presentes
Y el pasado nuevamente y para siempre
un animal grotesco
Tarde o temprano
toda foto
es una foto de muerte.
Mujer enigma
El deseo es una pregunta cuya respuesta no existe
a pesar de su desnudez
No solo somos enigmáticos para nuestros extraños
Sino también
para nosotros mismos
Un poema o metáfora indescifrable
Al eludir la mirada ajena: ¿nos estaremos eludiendo a nosotros mismos?
¿Será lo mismo?
No tengo siquiera mesa en donde ofrecer mi nada
Donde más duele
el pasado es un animal grotesco
La celebración y ya no nos reímos como antes
¿Porqué ya no nos reímos como antes?
Un animal que ya no me detendrá los relojes
Está enojado
O lo estoy yo
con un pasado animal que tormenta las primaveras
las esquinas
las roturas en el cemento blanco en los vértices zócalos
Sácalos
Nada de lo que digas va a sacarlo de este desierto
Y en la sala de esperas esperó a llorar y empezó
Lo advirtió y quien avisa no traiciona
Por un momento se olvidó
Todo lo que toca se le esfuma y entonces mató
La diferencia no es una receta simple
Escribimos y perdemos el rostro
Como los actores que tanto odio y me poseen sin permiso intempestivamente
Somos otros
y allí donde somos otros somos más nosotros que nunca
Déjenos en paz cuando se trata de escribir
La lenta aceptación de la derrota
Me senté en la arena y toda la tristeza del mundo cayó sobre mi cuero cabelludo
Como el sol de enero cuando quema la cúpula de nosotros mismos
La sobra de su lado más oscuro
Una nada en desintegración
Una tormenta de qué
Un huracán pasa y pasó
Después me fui con el corazón agotado y me preguntándome
cuánto de lo que vivimos se lo lleva también el verano
Un frío polar se vuelve puente de todos mis presentes
Y el pasado nuevamente y para siempre
un animal grotesco
Tarde o temprano
toda foto
es una foto de muerte.
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