domingo, 15 de mayo de 2011

Marcha por la vida

Me fui al cine
Fui a ver una de terror
Una de terror basada en hechos reales
Una de esas escalofriantes
Me fui por dos semanas al cine
Me fui a ver algo que ya conocía pero a conocerlo más
Me fui a que me interpele la historia, como siempre
Pero esta historia nos interpela más a todos nosotros que a cualquiera de por ahí
Vi la pelicula y me involucré
Vi la pelicula sin sentirme ajena, sino más bien sintiendome bien parte
Vi la pelicula y me identifiqué tanto que lloré de miedo
Y en un momento
En el medio de los bosques de Lupujoba
Me di cuenta de que la película no era película
Que los actores no eran actores
Que no había ni filmadores, ni directores, ni productores, ni asistentes, ni maquillaje, ni escenografía, ni vestuario, ni propagandas, ni guiones, ni autores, ni cine, ni sala, ni butacas, ni película, ni ficción
Y noté, de pronto, que había atravezado la pantalla
Que no veía los árboles, sino que estaba rodeada de ellos
Noté, de pronto, que la película de terror se había materializado
Que el terror era efectivamente real
Todo fue real
Los árboles, el bosque, las fosas, los muertos, los asesinos, los llantos, la maquinaria de la muerte, la sistematización, las vías, los vagones, el alabre de púa, las barracas, los piyama a rayas, los miles de zapatos ahora sin dueños, las miles de valijas y cacerolas, las cámaras de gas, los hornos crematorios, la humillación, el despojo, la deshumanización, el genocidio, los hijos de puta.
Ya no era una más de las miles de películas del tema
No era ni "La lista de Schindler", ni "El pianista", ni "Escape en Sobibor"
Era sentirlo ahora con todos los sentidos
Con el tacto tembloroso, con la vista empañada, con el oído sordo del silencio, con el gusto amargo, con el olfato repugnante
Sentirlo con esa bronca impotente, ese odio, ese asco, ese dolor, ese terror, esa incredulidad
Sentir esa insuperable piel de gallina, esa emoción, esa esperanza eterna
Cuando marchamos por la vida sobre aquellas vías, rodeados de alabres de púa, cubiertos por la bandera azul y blanca, cantando el "Atikva" en el medio de Auschwitz-Birkenau.
Porque no pudieron, porque todavía estamos
Y tomá, que les recontra, hijos re mil de puta.

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