domingo, 2 de octubre de 2011

Las mentiras del Abuelo


En la esquina de mi barrio hay una tienda que vende unas pastillas para olvidar. Los vecinos aseveran que su efecto prolifera, pero yo no las quise ni probar. Pastillitas del olvido: tengan el recuerdo vivo de la noche que lo vi bailar. Se movía como loco, inestable y caprichoso, y era triste como mi cuidad. Bailá tu milonga preferida, que está oscuro todavía, que amanece y se nos acaba la vida.Yo te espero todavía. Yo creo que el olvido es una fantasía. Y así, destinada a padecerte, sigo loca como siempre inventando lo que sea para verte.Y vos ahora, lindo: bailá tu milonga preferida como siempre lo hacías, inestable y caprichoso. Dale, que está oscuro todavía, que amanece y se nos acaba nuestra historia. Ahora, después de la lluvia, de tu perfume y de la angustia que deja el sonido del silencio cuando te vas. Después de no sobrevivir a las mañanas de ese Julio, les digo a mis vecinos que las pastillas ya no tienen vigencia ni veracidad. Porque hoy te volví a soñar, me desperté y te salí a buscar. Ya se, buscarte es menos digo que pensarte, mucho más difícil que encontrarte, pero menos triste que olvidarte. De todos modos no te encontré en el centro hoy, fue una secuencia de terror. Y soñé pasiones, locas como vos y talvés sencillamente me pasa que: tengo ganas de verte. Es que algo habré perdido que ando tan enloquecida buscando adentro tuyo algo que está adentro mío. Algo quizá para poder tapar el agujero espiritual de mis ilusiones rotas cuando veo cómo me desilucionás cuando amagás y tiroteás, sin terminar las cosas.

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