A mi querida y llorada memoria: este amor en sangre. A mi querida y llorada memoria: perdones en cielos grises mate.
A mis preciados e irritados ojos: pupilas renovadas. A mis preciados e irritados ojos: aire fresco y caricias de madre.
A mi exitado y razguñado corazón: un perdón, una flor y un nuevo caparazón. Una porción de sol, de energía y chocolates.
A mi quebrado cuerpo: oxígeno y olor a pasto recién cortado. Nubes con formas de pelotero y un cielo de un celeste homogéneo.
A mi querida y llorada memoria: este amor en sangre. Para que vaya a la cama y duerma hasta mañana, hasta que ya descanse, hasta que salga del trance. Para que se cure de los razguños de un año de enfrentamientos en el Viejo Oeste. De una sorpresa con sonrisa efímera. Del que te da y te quita. Del que tira y afloja. De aquél que vende humo por las noches. Por la madrugada, en el valle, en el arte, en el silencio, en el tiroteo; por amar, por odiar, por no hablar, por miedo, por dejar. Por dejarme.
Sana, sana, colita de rana; le dice mi alma a mi corazón.
A mi querida y llorada memoria: mis perdones y esta curita que encaja lindo y alivia cálido. Y de mientras, sobre una herida semiabierta, cierra de a poco la carne, en el costado de mi corazón.
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