Se acabó y no estábamos contentos
No había forma de estarlo
Y lo que llamamos amarnos fue quizás un espejo terrible en donde yo estaba parada adelante tuyo, desnuda y con un bolso amarillo colgando del hombro. Y vos con tu maldito tobillo roto. La arena nos golpeaba con la fuerte brisa del desierto de nuestros fracasos y en una bola de anhelos intentos ilusiones y frustraciones gritaban cangrejos que avisaban una despedida inevitable, una renuncia, suero para seguir. De todos modos la ceguera no dejó haberlo dicho en su momento que, a su vez, convengamos una cosa: era difícil precisar el preciso momento, tomar conciencia de una cosa u otra. Ahora te abrazo o te aniquilo-por fin te aniquilo- en esta concreción de nebulosa en la que te convertiste a penas cruzaste el bordó
o quizás ya lo eras desde hace mucho tiempo antes.
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