la primavera es como un espejo pero el mó tiene una esquina rota. era inevitable no iba a conservarse enterito despues de todo. pero aun con una esquina rota el espejo sirve la primavera sirve. ahora primavera dime para qué sirves y a quién sirves. para qué sirves. yo diría que para rescatarlo a uno de cualquier pozo. la sola palabra es como un ritual de juventud. y a quién sirves bueno mi modesta impesión es que servís a la vida.
una esquina rota. quizá la haya roto esta distancia pero yo tengo la confianza de que algún día diré que todo esto fue una locura y todo recomenzará normalmente naturalmente aunque el espejo primavera tenga una esquina rota eso sí la tendrá seguro la tendrá.
habrá que volver pero a dónde a qué lugar a qué casa. también tandrá una esquina rota y sin embargo reflejará más realidades que cuando el espejo estaba virgen. habrá que volver pero a qué primavera. no importa en qué estado calamitoso esté pero yo quiero recuperar mi primavera. la que taparon con hojas secas con piedras con niebla con edificios y olvidos. pero ignoran que bajo esas capas de mierda siguen estando la vieja y la nueva primavera quizá con una esquina rota pero flores y ambúes y canciones prohibidas y cielos y soles y rebeldías y reglamentos provisorios y pueblo ingobernable y vía láctea y mate amargo, y ellos y ellas y él y ella y vos y yo. habrá que volver. naturalmente. y esa casa con una esquina rota mostrará sin vanidad todo lo que quedó por allá. y atenderá comprenderá respetará aceptará.
habrá que empezar desde cero como si fuera una recién nacida.
vamos a ver qué quisiera tener. operación franqueza. prioridad número uno un compañero. luego un lápiz y un papel. un cd de música y algo que lo reproduzca. la lluvia. el viento. la playa. la arena. el mar.
también tengo ganas de ver el mar. y también quiero hablar y escuchar y hablar y escuchar. no más esos entrecortados diálogos.
después de todo estoy mejor de lo que empecé. qué primera semanita. bueno basta basta basta. soy la misma pero soy otra. y esta otra es mejor. me gusta esta otra en que me he convertido.
la primavera no está todavía ahí al alcance de la mano. la primavera no llegará mañana pero acaso pasado mañana. no podrá impedir que la primavera llegue pasado mañana.
tengo y tuve miedos para qué negarlo. un miedo del que tenía que tragarme los aullidos. no uno sino muchísimos miedos. miedo a despreciarme. de quedarme sin el mundo. sin el mundo y sin ustedes, sin vos. es horrible tener tanto miedo pero más horrible es tener que tragarse los aullidos.
y después pasaba el miedo y parecía mentira el haberlo siquiera rozado. el miedo es el peor abismo y sólo uno puede arrancarse del pozo agarrándose los propios pelos y tirando hacia arriba. de a poco se va aprendiendo a no tenerle miedo a miedo. muy de a poco. entonces sí uno le hace frente el miedo huye.
la tristeza también es temible. no sólo la propia sino también la ajena. y no bien uno queda calado hasta los huesos entonces empiezan a despertanse una a una las tristezas personales. las tristezas son como los gallos. canta una y enseguida las otras se inspiran. y sólo así uno se da cuenta de que la colección es enorme e incluso que uno tiene tristezas repetidas.
también está la idea de la muerte. viene y se va. a veces coincide con el miedo y otras no. al final el dolor provoca más miedo que la muerte. incluso a veces se puede avizorar la muerte como un definitivo analgésico pero siempre hay un pedacito de primavera que se resiste.
durante todo este tiempo lo más estimulante fue el sol.
afuera para que la solidaridad se sienta hay que reunir un millar de personas y colectas y denuncias y derechos humanos. allá en cambio, la solidaridad podía tener el tamaño de media galletita.
extraña ahora me siento extraña pisando este suelo. menos mal que llueve. con la lluvia todo se empareja y el paraguas se convierte en el común denominador de la humanidad.
extraña me siento pero ya se me pasará. nadie se muere de extrañeza auqnue sí puede morirse de extrañar. lo que ocurre es que se juntaron demasiadas cosas.
con la lluvia todo se empareja y el paraguas se convierte en el común denominador de la humanidad.
pero yo prefiero mojarme.
jueves, 22 de abril de 2010
Hincada sobre sus ruinas, una mujer busca
alguna cosa que no haya sido destruída. ella busca entre los restos en vano. lo que no han robado, lo han pulverizado. los amigos cruzan la vereda o desvían la mirada. el teléfono está mudo. nadie le dice nada, ni siquiera mentiras. sin ayuda de nadie va, metiendo en cajas los añicos de su casa aniquilada. bien entrada la noche, saca las cajas a la vereda.
De mañana, muy tempranito, los basureros recogen las cajas, una por una, suavemente, sin glopearlas. los basureros tratan las cajas con mucho cuidado, como sabiendo que están llenos de pedacitos de vida rota. oculta detrás de una ventana, en silencio, ella les agradece esta caricia.
De mañana, muy tempranito, los basureros recogen las cajas, una por una, suavemente, sin glopearlas. los basureros tratan las cajas con mucho cuidado, como sabiendo que están llenos de pedacitos de vida rota. oculta detrás de una ventana, en silencio, ella les agradece esta caricia.
viernes, 16 de abril de 2010
AMOR, DE TARDE
Es una lástima que no estés conmigo
cuanod miro el reloj y son las cuatro y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico
cuanod miro el reloj y son las cuatro y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico
Mario Benedetti-
NO TE SALVES
No te dejes estar y, sobre todo, y más allá de que tus ojos griten, no te salves. No te quedes inmóvil al borde del camino. No congeles el júbilo. No quieras con desgana. No te salves ahora. Ni nunca. No te salves. No te llenes de calma. No reserves del mundo solo un lugar tranquilo. No dejes caer los párpados pesados como juicios. No te quedes sin labios. No te duermas sin sueño. No te pienses sin sangre. No te juzgues sin tiempo.
El silencio del mar brama un juicio infinito. Más concentrado que el de un cántaro, más implacable que dos gotas. Nunca sabré qué espero de él ni que conjuro deja en mis tobillos. Pero cuando estos ojos se cansan de tantas baldosas y esperan entre el llanto y las colinas o en calles que se cierran en más calles, entonces sí me siento náufrago y solo el mar puede salvarme.
Pero si, pese a todo no puedes evitarlo y decides salvarte, y congelas el júbilo, y quieres con desgana, y te salvas ahora, y te llenas de calma, y reservas del mundo solo un rincón tranquilo, y dejas caer los párpados pesados como juicios, y te secas sin labios, y te duermes sin sueño, y te piensas sin sangre, y te juzgas sin tiempo, y te quedas inmóvil al borde del camino, y te salvas.
Entonces, no te quedes conmigo.
Te Invento
Te invento en el jardín
Invento que me hablas
Que me llamas
Y que en realidad me hablas
Y a veces no comprendo lo que dices
Y me asombro de ti
De tu misterio
Y finjo que comprendo
Para que no te alejes
Día a día te invento
Y es esa mi manera
De enfrentarme a tu ausencia
Porque de no inventarte
Se esfumaría el gozo
De mis horas
Y tú te esfumarías
Invento que me hablas
Que me llamas
Y que en realidad me hablas
Y a veces no comprendo lo que dices
Y me asombro de ti
De tu misterio
Y finjo que comprendo
Para que no te alejes
Día a día te invento
Y es esa mi manera
De enfrentarme a tu ausencia
Porque de no inventarte
Se esfumaría el gozo
De mis horas
Y tú te esfumarías
miércoles, 14 de abril de 2010
martes, 13 de abril de 2010
domingo, 11 de abril de 2010
piedritas en la ventana
De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero hoy me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en su escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas
quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo allaré para no seguirlos
está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca
está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero hoy me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en su escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas
quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo allaré para no seguirlos
está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca
está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana
jueves, 8 de abril de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
¿Cómo andan tus fantasmas?
Me provoca un poco de nostalgia aquella edad lejana en que el máximo miedo era provocado por manchas fantasmales que uno mismo creaba. Los motivos adultos, o quizá las excusas adultas de los miedos que vienen después, no son fantasmales sino insoportablemente reales. Sin embargo, a veces les agregamos fantasmas a nuestra cocecha ¿no te parece? A propósito, ¿cómo andan tus fantasmas? Dales proteínas, no sea que se debiliten. No es buena una vida sin fantasmas, una vida cuyas presencias sean todas de carne y hueso.
Ésta es otra cosa buena cuando se está por aquí: reírse. No sé, si uno se ríe verdaderamente con ganas, parece como si de pronto se te reacomodaran las vísceras, como si de pronto hubieran razones para el optimismo, como si todo esto tuviera sentido. uno tendría que automedicarse la risa como un tratamiento de profiláxis psicológica, pero el problema, como te imaginarás, es que no abundan los motivos de risa. Por ejemplo: cuando me hago cargo del tiempo que hace que no los veo a todos ustedes. Y sobre todo cuando pienso en el tiempo que acaso transcurra antes de que los vuelva a ver. Cuando mido ese valor del tiempo, no es como para reír.
A veces hace bien de pronto soltar el trapo y llorar inconsolablemente. Así, luego, uno puede emerger del pozo en mejores condiciones y con mejor ánimo. Como si el desahogo sirviera de ajuste. Sin embargo, a veces tengo miedo de que si me aflojo demasiado, mi resultado personal no sea el ajuste, sino el desajuste. Y ya tengo, desde siempre, suficientes tornillos a medio aflojar como para arriesgarme a un descalabro mayor. Es por eso que a veces prefiero no llorar tanto.
Esto no significa que no padezca angustias, ansiedades y otros pasatiempos. Sería verdaderamente anormal si no los padeciera. Pero cada uno tiene su estilo. El mío es tratar de sobreponerme a esas minicrisis por la vía del razonamiento. La mayoría de las veces lo logro, pero en cambio, a veces, no hay razonamiento que valga.
Destrozando un poco el clásico, te diría que hay corazonadas de la razón que el corazón no entiende.
Contame de vos, de lo que hacés, de lo que pensás, de lo que sentís. Cómo me gustaría haber caminado por las calles que ahora recorrés, para que tuviéramos algo en común allí.
Ésta es otra cosa buena cuando se está por aquí: reírse. No sé, si uno se ríe verdaderamente con ganas, parece como si de pronto se te reacomodaran las vísceras, como si de pronto hubieran razones para el optimismo, como si todo esto tuviera sentido. uno tendría que automedicarse la risa como un tratamiento de profiláxis psicológica, pero el problema, como te imaginarás, es que no abundan los motivos de risa. Por ejemplo: cuando me hago cargo del tiempo que hace que no los veo a todos ustedes. Y sobre todo cuando pienso en el tiempo que acaso transcurra antes de que los vuelva a ver. Cuando mido ese valor del tiempo, no es como para reír.
A veces hace bien de pronto soltar el trapo y llorar inconsolablemente. Así, luego, uno puede emerger del pozo en mejores condiciones y con mejor ánimo. Como si el desahogo sirviera de ajuste. Sin embargo, a veces tengo miedo de que si me aflojo demasiado, mi resultado personal no sea el ajuste, sino el desajuste. Y ya tengo, desde siempre, suficientes tornillos a medio aflojar como para arriesgarme a un descalabro mayor. Es por eso que a veces prefiero no llorar tanto.
Esto no significa que no padezca angustias, ansiedades y otros pasatiempos. Sería verdaderamente anormal si no los padeciera. Pero cada uno tiene su estilo. El mío es tratar de sobreponerme a esas minicrisis por la vía del razonamiento. La mayoría de las veces lo logro, pero en cambio, a veces, no hay razonamiento que valga.
Destrozando un poco el clásico, te diría que hay corazonadas de la razón que el corazón no entiende.
Contame de vos, de lo que hacés, de lo que pensás, de lo que sentís. Cómo me gustaría haber caminado por las calles que ahora recorrés, para que tuviéramos algo en común allí.
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