domingo, 11 de abril de 2010

Con la cabeza despejada, pienso que él debe irse. No aceptarle el dinero, no dejarlo entrar más y, en el peor de los casos, llamar a la policía. Cuando el dispara, dispara.
Cuando el la ataque, ella tendrá que fulminarlo como un perro rabioso. Tal vez sea mejor marcharse, y dejar todo así como está-

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