Y volves, como absolutamente siempre, con carita de perrito mojado, con carita de perdon, con carita de dame un abrazo. Y yo te digo que no, pero con acciones y sin palabras. Te digo que no, que gracias, que el perdón es aceptado y que tu carita de perrito mojado te le podés guardar en el cajón de estrategias de seducción. Te digo que te olvides del abrazo y te pregunto dónde estabas cuando yo lo necesitaba. Y me contesto quizás sola porque no respondés. O quizás con vos y con tu sincera respuestas: al lado tuyo. Y por más de que sea cierto que estabas, no era cierto. Porque como ya lo hablamos hay muchas formas de estar.
Es sorprendente como siempre volves y volves. Es recurrente tu presencia y simula un complot para esta unificación de opuestos no complementarios.
Venís hasta acá, después de tanto tiempo y habiendo recorrido como mucho medio kilometro. Venís de nuevo con carita de perrito mojado y postura encorbada pidiendo un "otra vez" un "volver de nuevo" un insoportable "hablar". Y yo te contesto. como siempre, te contesto. Te digo un "no" un "chau" un "olvidate de todo que me haces mal". Y te lo digo con acciones, con la más gráfica manera de hacerlo y con la que deja mayores dudas, incertudumbres y fisuras para que alguna ilusión se traspase. Y la que me deja la chance de cambiar las cosas, de que no sea nada tan radical y que de última haya sido una simple interpretación tuya. Y todo porque así es una manera más fácil de hacer las cosas y uno corre menos riesgos. Será muy injusto pero es la única manera que hoy encuentro de hacer las cosas. Con acciones. Porque en lo que respectan a tus palabras. Bueno, las palabras son consuelos, son de ayuda, son recargas energéticas. Pero las tuyas, lamentablemente, se quedaron ahí. En el segundo que las dijiste, escupidas en el aire y evaporadas por el sol.
Viniste con tu intolerable porte de siempre. Tan así. Tan que te sorprenderías como conozco cada sutil movimiento de tu cuerpo, cada gesto. Tu andar. Tanto te miré (aunque tengo que reconocer que un poco tiene que ver mi caracter detallista), te miré tanto que creo que podría preveer cada movimiento tuyo. Esa es la resaca de este amor obsesivo que nunca fue y no quiero que sea. Por eso te dije, con ese evidente movimiento de evesión, que no, que ni ayer ni ahora, que no pasó porque nunca fue y no quiero que sea, que me hacés mal y lo sabés y que estamos en una gran desventaja como para que te me vengas a hacer el pobrecito dolorido. Porque acá, desde que empezó la cosa, yo corrí 30 cuadras detrás tuyo, y ensima vos simpre te moviste más rápido. Por eso, cuando viniste con tu pedón, tu volver, tu carita de perrito mojado y tu ondas perturbadoras, me paré, caminé y mi fui. Sin mirar para atrás y alejandote de mi sistema nervioso que, a penas te ve entra en cortocircuito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario