Ahora que se acabó tu podio de grandeza, tu momento de gloria, tu superioridad frente a todos nosotros. Ahora quizás vuelvas rengeando de una pata por la nostalgia de aquellos días. O no. Talvés vuelvas altanero y pasivo, un poco soberbio de costumbre, con un ego catatónico y afixiante. Con una libertad despampanante. Y si vuelves con esa libertad que tanto nos ahoga quizás, muy posiblemente, no vuelvas. No vuelvas pero por un tiempo, porque vos siempre volvés búmerang y revoltijo. A los encuentros fallidos, a los consumados, a los desencuentros y a los encuentros mudos. Siempre volvés a algo que ya no sé. Siempre volvés diferente pero con vos en tus ojos y tu sonrisa. Por suerte puedo seguir distinguiéndote entre aquello nuevo que traés contigo, entre aquellas nuevas rutas transitadas, personas que te tocaron, mujeres que te besaron y vos. No sé cuantos más pueden hacer eso. Pero por suerte puedo, entre todo eso nuevo que no compartiste conmigo, reconocerte en ese brillo en tus ojos, en esa sonrisa eterna y en tu olluelo en el costado izquierdo de tu mejilla, el opuesto al mío.
Ahora que se acabó tu podio de grandeza ojalá vuelvas como aquella vez, valorando lo perdido. Ojalá, pero qué se yo en realidad. Ahora que se acabó tu podio de grandeza yo no voy a hacer falsas declaraciones y me declaro feliz por tu desdicha y tu mala suerte, porque ahora volvemos a estar en el mismo punto de partida del cual empezamos juntos y vos tenés amnesia.
Ojalá vuelvas con la pata renga a reclamar lo que abandonaste. A reclamar sin ningún tipo de derecho. A reclamar, mutilado y pobre, porque te diste cuenta de la gloria efímera y de este amparo eterno. Ojalá vuelvas a reclamar con cara de idiota este amparo inmerecidamente eterno. Lo reclames sin ningún tipo de derecho. Y por lo que no te corresponde y como corresponde yo te niegue el acceso. Ojalá. Pero, nuevamente, sin hacer falsas declaraciones, ya sabemos. Lo conseguirás todo y sin derecho.
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