sábado, 26 de marzo de 2016

Amorcito mío, corazón de mamá, mi bebé, mi canción de cuna, mi negrito lindo. Quiero que sepas que nunca dejo de pensar en vos. Es solo que no se cómo irte a buscar, no encuentro el camino, y sin mi corazón, yo soy solo una muñeca de trapo. Acá, en la casa en donde vivo, hay cuatro paredes y una sola ventana en la que veo un farol blanco y redondo, y entonces, todas las noches es luna llena.. Nos dejan salir al parque una vez al día. Hay un árbol gigante y lleno de pájaros. Los estamos entrenando con las chicas, capaz algún día sean mensajeros de nuestras gargantas. Me da mucha bronca esta suerte, esta mala. La impotencia no podría medirse y la lucha contra la frustración es agotadora. Te gritaría desde la rendija todo lo que te necesito, pero acá nos colocan en horcas los cantos. Cada día se hace más difícil la resistencia, pero mientras sigas allí, del otro lado de mí, en lo profundo y libre de mí, alguna esperanza quedará. Para volverte a ver, para tenerte en mí. Amorcito mío, corazón de mamá, mi bebé, mi canción de cuna, mi negrito ¿Cómo recuperarte? Te prometo, y espero cumplir, que cuando salga de esta casa en la que me sumergí o sumergieron, nos volveremos a encontrar, nos uniremos fusionando pechos. Te mando mis lágrimas y besos en este papel viejo.
Te besaré con hambre atrasada, con hambre acumulada, con hambre de hambruna, con hambre rabiosa, con hambre injusta, con hambre pero sin devorarte. No me dejes, por favor, no me dejes devorarte. No te quiero asustar. No te quiero devorar. Pero  con esta hambre que se apila  en dunas... cómo hacer para verte y no querer arrojarme como muerta de hambre a tu cuello. Y asustarte inevitablemente alejarte y encerrarme en esta casa con una ventana y cuatro paredes. Otra vez.

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