Cuando nos volvamos a ver, por allí en ese duro primero de septiembre o de abril, tal vez me encuentres algo cambiada. Un poco más cansada. Con menos ira y más resignada. No sé qué tan bueno puede ser eso. Que no por tener menos ira quiero estar resignada y que eso signifique que ya no tenga ganas de luchar por lo que quiero, contra la corriente y por la vida. Ojalá me veas un poco más en paz. Más asimilada a la realidad. Que a veces no queda otra que aceptar. Supongo que tendré el cuerpo algo cambiado, más mujer supongo. Me verás, seguro, con la misma pena eterna y recordándolo cada día. Espero verme más madura, o que me pueda encontrar más segura de mi misma y de lo que quiero para mi vida.
Cuando me veas, quiero haber aprendido algo. Cualquier cosa. Creo que es lo escencial en esta vida. Que si de algo nos sirvió el dolor es para aprender, y que, si de algo nos sirve aprender es para crecer. Y yo me pregunto: ¿para qué quiero crecer? ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? La vida extraño carrusel. Me dejó un sabor amargo bajo piel. Ya sabés, me gusta tener el control. Pero ya entendí, las verdaderas y mejores cosas son las inesperadas.
Cuando me encuentres en ese karmático agosto, podría encontrarme cansada de tanta farsa, auqnue creo que no voy a aguantar hasta agosto y en junio me va a explotar el alma en mil pedazos. Puede ser que en mayo las cosas cambien mucho y ya no quiera verte más la cara. Puede que no. Supongo que no voy a soportar mucho la rutina y voy a querer escapar y salir corriendo para algún allá. Siempre me pasa. La estabilidad me da seguridad, pero me aburre, me duerme en vida, me impide ver al frente.
Cuando me vuelvas a ver ten cuidado, puedo estar muy enojada con todo, con vos, conmigo. Sobretodo conmigo. Puede ser que me irrite por cualquier cosa, también me podés ver así. Todos tenemos nuestro Mr. Hyde.
Me podés ver bastante pelotuda dentro de unos meses. Hay veces que uno se siente indiferente a todo y a todos, y empieza a hacer boludeces para que le presten atención.
Ojalá no me veas desganada y sobre todas las cosas, ojalá que no me veas abandonada. Abandonada por mí misma. Nunca, nunca me veas así. Me podés encontrar, porqué no, igual que ahora. En la misma situación de siempre, actuando, cantando, soñando, riendo, buscándote, buscándome. Me podés cruzar en medio de la calle mientras esté gritando, o escandalizando, o llorando, o puteando, o pegándole al alma, o hablándole al espejo sola, o recordando tiempos amarillos, casas amarillas.
Pero de todas manera, cualquiera sea la forma en la que me encuentres, si me ves, hacémelo saber. Por favor, hacémelo saber. Encontrá tu mirada con la mía, decime que allá estás vos. No te me escapes, por favor. No te llegues a ir de nuevo, por dios. Y si de casualidad me encontrás llorando un primero de septiembre, por favor, abrazame muy, muy fuerte. Decime que siempre lo tendré en mi alma o algún consuelo así. O no, mejor no me digas nada. Si querés no me digas nada. Pero no te vayas. No me abandones sin siquiera encontrarme.
Y si por una de esas casualidades me encontrás y estoy muerta de miedo, ayudame, por dios, ayudame. También, te digo, puede ser que me encuentres pegándome contra la pared, odiándome, odiando, odiando, gritando, escandalizando, llorando. No, no me llegues a calmar, que nadie quiere calma en esta cuidad. No intentes con ninguna de esas tontas palabras. Quizás sea mejor que me dejes sola. O que me hagas reír. Porqué no, que me hagas reír. O si querés probá, a ver si esta vez la música calma a la bestia.
Me podés ver y puede ser que no te vea. Me podés encontrar en medio de la rutina, sin tiempo para adrenalinas. Me podés ver y puede ser que tenga el pelo algo amotinado, oscuro y desgastado. Me podés ver a lo lejos y con algunas amigas. Me podés encontrar con algunos de mis regalos que ya deberían de llegar. Me podés escuchar con un discurso diferente al de hoy. La gente cambia, todo cambia. Siempre, constantemente. Quizá mi rostro cambie, esté un poco más palida , o ya no me maquille más. Puede estar lloviendo, porqué no. Y si de hecho está efectiviamente lloviendo, no, no me llegues a ofrecer un puto paraguas. Dejame, dejame mojarme. Que yo me puedo mojar, me puedo pirar, no puedo callarme. Tal vez me ves y no me reconocés ¿Ya dije esto no? Esta bien, voy a tratar de no cambiar tanto. Hay cosas de mí que me gustaría conservar: mi música, el teatro, el canto, mis textos, mis tardes del sol, mis noches del agua, mis sueños, mis complementos (y de los que me hacen mal algún día me desharé) mis artes, mis llantos, mis risas. Mis recuerdos. Sobre todo, y para una nostálgica como yo, mis recuerdos.
Hay una sola cosa que es posible que me dañe, pero te permito que hagas: si me encuentras abandonada (por mi misma), olvidada, dormida, muerta viva; despertame, pegame, gritame, odiame, retame, exigime, demandame, presioname, y a pesar de todas mis negaciones, sacame de ahí. Porque creo que cualquier cosa me podría permitir, salvo olvidarme de mi misma.
Cuando nos volvamos a encontrar, espero que algo de todo esto haya cambiado. Que yo este mejor. Que no siga en el mismo camino errado.
Y si nada va a haber cambiado, y yo sigo con la misma esperanza, la misma gana o desgana, la misma casa, la misma cama, la misma telaraña, la misma araña. Supongo que tendré que tomar cartas en el asunto. Hacer algo, cambiar algún rumbo.
Cuando nos volvamos a encontrar (porque yo quiero creer que nos vamos a volver a ver), en algún futuro extraño, no sé cuando, ni cómo, ni dónde, ni porqué, ni con qué excusa.
No, no quiero que todo esto vuelva a pasar otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario