jueves, 18 de noviembre de 2010

La Mary

No esta bueno volver y pisar de nuevo la misma huella. Volver y volver a lo mismo. Volver a castigarse. Hay que poder dejarlo ir. La huella que tenés en la nuca, dejarla partir.
Mary siempre fue así. De mirarte y meter culpa. De lo que tenés y ella no. De lo que te quejas y de lo insignificante que son todos tus pesares. Ella siempre fue de marcar su territorio. De mear el árbol. De decir sin decir nada, esto es mío y si lo tocas te mato. Pero no te mataba. Solo te miraba y eso le bastaba a uno como para saber que estaba bien muerto. Y te decía también, que si le tocabas lo que era suyo, o si desviabas el camino de lo correcto y puntual, estaba todo bien y cada uno es libre y que le lastimaba. Que le parecía para el orto, pero que ella no iba a impedir nada que yo quiera hacer. Que todo iba a seguir igual, que me queria y me extrañaba mucho, pero que no iba a ser lo mismo. Y siempre, siempre, siempre, te miraba a los ojos. Y a uno le producía como esa cosa de sentir que el otro esta sufriendo, y que uno de alguna manera es culpable en algún punto. Que se tiene lo que ella no, que la pobre siempre sale perdiendo y ensima llegas vos a sacarle las venas. Sin querer y queriendo y sin saber si querés. Y lo peor es que se sabe que si vos no las agarrás, ella tampoco las va a tener. Entonces, ¿no hay derecho de tomarlas? ¿No hay un poco de derecho al egoísmo? Eso no importa. Porque ella te mira con esos ojos y definitivamente uno no tiene derecho a absolutamente nada, pero lo tiene. Y hay que atenerse a las consecuencias. De esa mirada de sangre hirbiendo casi quemándose y quemándose tanto que muriendose de dolor y tanto dolor que se queda sin sangre. Y no tiene ya todo lo que vos sí, tiene el dolor que vos no. Y ensima, venís a sacarle las venas que le quedan. Con derecho o no. Con intensiones o no. Con amor o no. Con mirada o no. No importa, porque ella te vuelve a mirar.Y a llorar en tus pupilas. Entonces decidís no decidir. O si. Decidís decidir por el no. Por la solidaridad. Por poner en el rol subalterno el deseo, las hormonas, y el impulso que nunca tenés. El no por ella. El no por las dos. El no por la ocultación. Por la preservación de algo de las dos. Por la preservación de ella. Por cuidar su dolor. Pero igual uno sigue sintiendo la culpa en la nuca, por ensima de quitarle, aunque platonicamente y solo en intension las venas; uno le está ocultando algo. Uno piensa si en realidad tendría que contarle todo a ella. O a cualquiera. Y finalmente llega a la conclusión de un No. Pero ya no importa si sí o si no. Uno sigue sintiendo la mirada penetrante. De culpa, dolor, desposeción y desamparo. Mary la mira a uno con sus ojos de venas vacías y te dice que no puede más. Y te exije puntualidad y perfección. Vos no podés. No podés. Mary te llena de culpas nunca dichas. Mary te llena de miradas de te quiero pero esto no te lo perdono, de te extraño pero no te hablo. Te hago la cruz y te mato. Pero no te mata. Solo te mira.
Pero la  mirada de Mary quedó para siempre estampada en tu nuca.

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