Cuando ví Eso, que decía ESO; entonces tuve unas ganas tremendas de asesinarte.
De que la pases mal mientras yo corto pedacito a pedacito las partes de tu cuerpecito con una enorme cierra eléctrica cubierta por sangre. O quizás no te asesinaba tanto, taaanto. Quizás solo te encajaba un par de piñas en la cara, y en el estómago y de nuevo en la cara, y de paso en absolutamente todo el cuerpo. Y te pegaba patadas, cachetadas y te metía algún que otro razguñazo en las mejillas. Te puteaba de arriba a abajo. Te golpeaba tu cabeza gigante e increiblemente hueca contra la pared. Y quizás te la partía a la mitad para investigar un poco qué mierrrrrda tenés en ese puto cerebro como para pensar ASÍ.
Pero no hice nada. No viste, no daba. Ahí en el medio de toda esa gente. No, mejor mantener la compostura. Sobretodo si uno tiene que volver a ese lugar algún día. Y más aún, si tiene que volver a ver a toda esa gente en alguna que otra ocación. Aparte, como que me iba a ligar flor de quilombo y todo por tu estúpida persona. Y vos ibas a terminar feliz por mi pesar. Así que no, al pedo, no sos tan importante y además no te iba a dar el gusto de verme metida en todo ese embrollo de maltrato, agresión y golpes hacia tu persona. O sea, todo bien, pero ni en pedo iba a permitir que seas feliz y te cagues de risa en mi cara por mi infelicidad. Ni en pedo.
No hice nada al final. Va, en realidad vengo sin hacer nada hace mucho tiempo. Y cuando digo mucho, es mucho más de lo que todos se puedan imaginar. Si yo hubiera querido ejercer agresión hacia tu persona tendría que haberlo hecho hace... un par de medición de tiempos que no pienso especificar. Ahora ya fue, ya hay varias tantas cosas acumuladas y como atragandas, diría yo, en el medio de mi farinje, y que ya pasaron y que, bueno, no te iba a asesinar justo ahora. Ahora, ¿por qué? No, digo, que porqué ahora justo y no antes, o antes de antes, o aquella vez, o la otra, o la otra de la aquella vez, o todas las veces que te comportaste como un ser jodido forrito e hijo de puta. O sea, siempre. O no, bueeeeeeno, bueno, bueno, estaaaa bien. Caasi caasi siempre. Bueno, casi siempre, y ya. Quizás exagere un poco. Pero... en fin, me tenés harta qué querés que te diga. Tolerancia cero. Para vos y para todos tus compañeros.
Y no te dije nada, no hice nada, y fui tan buena mina que ni siquiera intenté asesinarte. Porque, por suerte, tengo un poco más de ubicación, valores, vida, dedos de frente, etica, principios, amor, solidaridad, y sobretodo, no soy taan mala gente.
Y aunque no hice nada de todo lo que hubiera hecho si al otro día el mundo explotaba,
no se qué fue lo que pasó
que me lo imaginé todo
paso por paso
en mi bella cabecita
que a veces parece ser propiedad
de una mujer asesina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario