La única manera de no morir, o sea de sobrevivir, es enfrentandose con el Minotauro, o el monstruo, o fantasma. Pero el de adentro bien dentro, con el que me encuentro frecuentemente o esta noche, y me habla desde la almohada. Algo me dice. Que no confío, a pesar de tus matices de humanidad. Pareciera como si tu cuerpo me diría que me va a acuchillar. También el monstruo habla de miedos.
La otra vez te vi el miedo ¿Te asusto también con todo esto?
La otra vez te vi el miedo ¿Te asusto también con todo esto?
Habrá, entonces, que quitar los escombros, dentro de lo posible; porque también habrá escombros que nadie nos podrá quitar del corazón y de la memoria.
Extraña, me siento extraña, pero ya se me pasará. Nadie se muere de extrañeza aunque sí puede morirse de extrañar. Porque cuando te vas a tu casa no te vas. Y yo no necesito armar un biombo para pensar en vos. Ni un refugio de soledad. Ni un cable a tierra ni a luna.
Ahora sí ¿Será esto una señal? ¿Algo que debo interpretar? ¿Será esto un síntoma? Pero ¿de qué?
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