miércoles, 15 de agosto de 2012

Ventanas

No necesito armar un biombo para pensar en vos. Ni un refugio de soledad. Ni un cable a tierra ni a luna. Aprobecho para escribirte porque hay luna y la luna siempre me tranquiliza. Es como si bajara en camisón. Además ilumina, aunque sea parcialmente, los sentimientos, las ideas, las convicciones y las dudas. Tener noticias tuyas es como abrir una ventana. Me gusta saberte incompleto porque es como descubrir nuevos paisajes dentro de la casa. Hoy estuve mirando detenidamente tus huellas en la pared. Son manchas que forman fantasmas o monstruos. Y hablando de fantasmas, también tenés los tuyos. Me hace sentir no tan sola. Me hace sentirte humano. Me gusta. Aunque no me gustan ellos. Se convierten en una amenaza violenta a mis especulaciones. Claro que yo tengo los míos. Son como Minotauros en el laberinto y nunca mueren, malditos.
La única manera de no morir, o sea de sobrevivir, es enfrentandose con el Minotauro, o el monstruo, o fantasma. Pero el de adentro bien dentro, con el que me encuentro frecuentemente o esta noche, y me habla desde la almohada. Algo me dice. Que no confío, a pesar de tus matices de humanidad. Pareciera como si tu cuerpo me diría que me va a acuchillar. También el monstruo habla de miedos.
La otra vez te vi el miedo ¿Te asusto también con todo esto?
Habrá, entonces, que quitar los escombros, dentro de lo posible; porque también habrá escombros que nadie nos podrá quitar del corazón y de la memoria.
Extraña, me siento extraña, pero ya se me pasará. Nadie se muere de extrañeza aunque sí puede morirse de extrañar. Porque cuando te vas a tu casa no te vas. Y yo no necesito armar un biombo para pensar en vos. Ni un refugio de soledad. Ni un cable a tierra ni a luna.
Ahora sí ¿Será esto una señal? ¿Algo que debo interpretar? ¿Será esto un síntoma? Pero ¿de qué?

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