Además, a esta altura, ¿quién no tiene la culpa? ¿Quién puede vivir, en este país, en este mundo, en este tiempo, de acuerdo a sus principios, a sus normas, a su moral, cuando en realidad son otros quienes dictan los principios, la moral y las normas? Además, esos otros no consultan a nadie. Todos estamos mezclados con todos. Nadie es químicamente puro. El marxista trabaja, por ejemplo, en un Banco. El católico tiene sexo sin pensar en la sagrada reproducción de la especie, o haciendo lo posible para evitarla. El vegetariano convicto come resignadamente su carne. El anarquista recibe un sueldo del Estado.
¿Quién puede vivir las veinticuatro horas del día, en un todo de acuerdo con su Dios, su conciencia, su fanatismo, su idiología o su credo? Nobody. Descartada, entonces, la pureza.
O sea que puedo seguir con el choping.
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