En la clase de matemática el tiempo definitivamente no pasa. Pero por suerte, fuera del aula está la vida, que, en general, el tiempo no para (a veces por desgracia); y por eso llego a la conclusión de que inevitablemente este bloque va a llegas a las 13:35. Ah... este pensamiento me alivia un poco. Y lo que me alivia un poco más todavía es pensar que después de esta clase viene el almuerzo. Buenísimo. Y después la tarde. Pero la tarde de los jueves no es tan pesada, así que dentro de todo no hay tanta amargura a la vista. Además, la tarde no es tan terrible, porque después de un poco de esta tarde, viene la buena tarde. Y me escapo de entre el pizarrón, la tiza, los cuadernos, los bancos, los apuntes, el aburrimiento, el sueño y la voz intolerable de la profesora y, por fin, vuelvo a casa. A encontrarme con algo que suele simular una sensación de libertad hermosa, con un té, un programa de tele, unas tostadas, una guitarra, un sillón, una pintura y un comedor. En fin.
Ay, qué bueno. Ya no tengo ni tanta amargura ni tanto pesimismo en las espaldas.
Ya me puse de mejor humor, es más, ya estoy de buen humor.
Y ensima acaba de tocar el timbre - ya está, soy feliz-
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