martes, 22 de junio de 2010

La casa desaparecida

Hoy la casa de mi infancia ya no existe ni hace falta, yo la llevo bien adentro en mis entrañas. Toda llena de colores y de desapariciones, no tan tempranas pero muy profundas, muy amargas. Nada ha desaparecido, ni la casa con diez pinos, ni mi amor, ni la zamba de mi esperanza. Es que el mundo es muy cretino pero puede ser divino, si yo quiero, porque nada de este mundo me hace falta. Nada más que una galera, unos trucos, un conejo, un colchón, un tocadiscos y una mesa. Y es posible que los hijos puedan cambiar lo que hiciemos y la casa nunca más desaparezca.
Caminando siempre al lado del camino.

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